Euphorbia schillingii
La euforbia perenne schillingii, originaria de las zonas montañosas de Nepal, es justo esa planta que en el parterre funciona como una excelente base para colores más intensos. Recibirá por nuestra parte una fuerte plántula enraizada en maceta, que tan solo deberá trasplantar a un lugar soleado con una tierra bien drenada. En muy poco tiempo formará en el jardín unas matas que alcanzarán entre los ochenta centímetros y el metro de altura. Llamará, sin duda, su atención por sus hojas estrechas y verdes con la característica vena central de color blanco. No obstante, el verdadero espectáculo lo dará en el periodo comprendido entre mayo y agosto, cuando empiece a florecer con unas flores algo más pequeñas en tonos verde lima y amarillo. Estos tonos otorgan al jardín una gran sensación de frescor, y sirven de forma perfecta para suavizar y dar unidad a toda la composición. Gracias a su tamaño y a su crecimiento erguido, destacará en su mayor esplendor en la parte central o trasera del parterre.
A pesar de que se trata de una especie apta para jardineros con un nivel un tanto más avanzado, no precisa de ningún cuidado complicado a lo largo de la temporada y logra pasar el invierno de forma segura hasta los dieciocho grados bajo cero. Su gran ventaja es que las plagas la esquivan por completo y no padece las enfermedades comunes. Si le gusta crear ramos vivos, le enamorará la euforbia como follaje universal para el jarrón. Su original inflorescencia combina con prácticamente cualquier flor de verano, añadiendo un novedoso volumen al arreglo. Eso sí, debe recordar que es una especie venenosa y que al quebrar el tallo exuda un líquido blanco muy irritante, de modo que resulta conveniente tomar ciertas precauciones al cortarla y manipularla.
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