La Gypsophila es una planta discreta pero fascinante. Aunque algunos nombres sugieren dimensiones gigantescas, en realidad es una de las flores más menudas que cultivamos. Suele crecer hasta menos de medio metro, pero compensa su tamaño con la abundancia de sus flores. De cada planta pueden brotar más de diez tallos rematados con pequeñas estrellas blancas. Una vez que se abren por completo, revelan además un centro de color amarillo brillante. Es perfecta para ramos de verano frescos, pero su mayor virtud reside en el secado. Si seca la planta, conservará su forma y color, permitiéndole disfrutar de ella durante todo el invierno. Cultivarla a partir de semillas no es complicado y cualquier jardinero puede lograrlo fácilmente. Solo tiene que leer cómo sembrar semillas correctamente o probar directamente la siembra directa en el jardín.

Ammobium alatum