Echinacea pallida
La equinácea pálida, en su origen, dimana de las extensas y soleadas llanuras norteamericanas, desenvolviéndose allí como una perenne robusta de larga duración. El cultivar Hula Dancer infunde a los huertos gracilidad y distinción de la mano de sus tenues pétalos rosáceos tirando a blancos, que cuelgan grácilmente y, al soplo del viento, semejan bailarinas. Recibirá de nosotros una planta crecida en maceta que únicamente deberá trasplantar a tierra de tipo franco o arenoso con buen drenaje en un espacio que ofrezca sol. La equinácea es totalmente poco exigente, sobrelleva severas heladas con facilidad y elude un gran porcentaje de dolencias o de parásitos. Despunta sus flores a lo largo del verano sostenidas en recios vástagos de unos ochenta centímetros de altura y sus núcleos olorosos de púas garantizan el acercamiento de insectos polinizadores desde grandes distancias. Concordará inmejorablemente con arriates florales naturalistas y pedregosos, hallando su cabida contigua a las gramíneas y diversas variedades amantes del sol. Asimismo, es apta para comer y hace el encaje excelente en ornamentaciones florales del verano. Relecte la cosecha con las flores totalmente abiertas y harán las delicias en su recipiente durante diez días como límite. Los platillos florales carentes de los pétalos muestran en todo decorado un diseño muy innovador y, para más inri, puede deshidratarlos para su arreglo de invierno sin mayores quebraderos. En el parterre compensará preservar un par de ramas para el invierno, ya que los discos nevados construyen una estampa majestuosa.
En stock